PORQUE DE LOS TALES ES EL REINO DE LOS CIELOS (LA SIMPLICIDAD DE UN NIÑO)
Mateo 18:13- Entonces fueron presentados los niños para que pusiera las manos sobre ellos y orara; pero los discípulos los reprendieron.
Jesús sanó, liberó, enseñó y bendijo, todo esto quedó
expuesto ante los discípulos. En todo
lugar que llegaba el Salvador, era rodeado de multitudes buscando de Él.
Esta escena registrada en las Sagradas Escrituras revela
las tendencias que aún prevalece en algunos aún después de haber quedado expuesto
a sus enseñanzas. Hasta que el creyente
no esté dispuesto a poner a un lado las tradiciones, estas se convertirán en
tropiezos tanto para aquellas vidas como para otros que van en busca del sano evangelio,
las buenas nuevas.
Los niños fueron presentados ante Jesús, fueron traídos
ante quien ya habían recibido instrucción sobre precisamente la semejanza de
los niños y los que habitan el reino de los cielos.
La enseñanza fue impartida precisamente cuando entre
ellos tenían o entretenían un interrogante común, ¿Quién es el mayor en el
reino de los cielos?
A ese interrogante el Maestro toma un ejemplo y lo
ubica frente a ellos y les imparte otra enseñanza el cual debió de haber
quedado arraigado en todos, empero, tuvo que ser nuevamente impartido exponiéndolo
para que implantado para siempre allí quedara en ellos.
·
Mateo 18:2, 3- Llamando Jesús a un
niño, lo puso en medio de ellos y dijo: De cierto os digo que, si no os volvéis
y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
No es en la complejidad de una vida,
es en la simplicidad de aquella vida, en donde se despoja de todo aquello que
pudiese convertirse en un impedimento para que, con la naturalidad de un niño,
crea, confíe y siga, se someta a su Señor.
o
Un niño en medio de una multitud
identifica a su padre y va hacia él.
o
Un niño cree, confía y obedece a sus papás
sin deparo alguno, porque ese pequeño entiende que ellos son sus padres, su
autoridad.
Usted no tiene que tiene
que entender la Biblia para aceptar a Jesús como su salvador, solamente tiene
que creer lo que ha declarado el Padre: Porque ama a este mundo (su creación
que se apartó de Él), les proveyó un medio para rescatarlos de la condenación,
ese medio único es su Hijo llamado Jesús; para que todo aquel que crea lo que
dijo Dios sobre Él, no se pierda, no termine en perdición eterna, empero, a
través de su profesión de fe en Él, Jesús, pueda ser librado de su condición de
condenación y pueda tener u obtener gracias a su sacrificio vicario (crucifixión,
muerte) perdón de pecados y la vida eterna que se obtiene sólo a través de Él (Juan
3:16).
Por ende, es de entender
que simplicidad de un niño, la dependencia, la permanencia, la obediencia es lo
que le permitirá y permite gozar de la las promesas, y la eternidad para los
que moran en el reino de los cielos.
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18:4- Así que cualquiera que se
humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.
Creer y obedecer al Señor es humillarse,
es negarse a sí mismo, es no permitir que nada le impida poder ver y seguir a
su Padre celestial, identificarlo en toda circunstancia, en toda multitud de
aquello que lo podría distraer de su fe y obediencia (sometimiento) a Él.
Ningún independiente (autónomo,
emancipado) llega a Dios, ya que para aquel sus derechos y decisiones son las que
prevalecen. Empero, para el dependiente de la guía, obediencia e instrucción
del Señor, son los que son considerados los mayores en el reino de los cielos;
el que depende enteramente de su Padre celestial.
Estos vienen a Mí en obediencia, sin reservas, sin confusiones
debido a falsas enseñanzas, en la pureza de sus mentes, buscando recibir algo
que Yo sólo se los puedo dar. Y aunque no entiendan, desfilan hacia Mí en sujeción
(deteniéndose a considerar si hay algo mejor o superior a Mí).
18:15- Y habiendo puesto sobre ellos las manos,
se fue de allí.
El Maestro después que volvió a impartirles
enseñanzas, después de haberles esclarecido el mal en la que incurrían creyendo
que estaban en su voluntad. Les hizo entender que aquello jamás debe volver a
acontecer, todos están en la necesidad de su impartición, de su bendición.
Hasta que los pequeños, los niños no recibiesen de Él
lo que estos necesitaban, el toque y la bendición del Maestro, del Redentor, no
abandonó el lugar.
Axioma: Nadie en busca del Señor no recibirá de Él, Él
no desecha a ningún hombre que a Él viene en espíritu y verdad.
Muchos de los niños probablemente no estaban a la edad
de entender la Palabra, de lo que allí ocurría, pero, allí estaban frente a Él
para ser bendecidos.
Sin embargo, a su edad, en esa etapa de sus vidas
requerían de una impartición que los seguiría el resto de sus vidas el cual los
ampararía, guardaría, guiaría, revelaría, libraría, inspiraría, capacitaría,
ordenaría, encaminaría.
Aún donde ellos estaban recibieron del Señor lo que
nada violaría sobre sus vidas o cancelaría, la bendición del Maestro, Redentor,
Salvador. Cancelaba y cancelaría maldiciones o malas decisiones de sus vidas.
Recibieron de la bendición de Jesús: Sanidad,
provisión, instrucción, invocación de Dios sobre sus vidas, ya que el único que
bendice es el Hacedor.
Esto es lo que acontece a todo aquel que acepta al
Señor en espíritu y verdad, la presencia, el toque divino en aquella vida hace
toda la diferencia, y su poder, su Espíritu ampara y guía a través de todo el
recorrido hasta que se esté en su presencia.
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