ARRESTO DE JESÚS Y LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS IMPARTIDAS (¿QUÉ ARMA USA USTED?)
El Maestro siempre impartió enseñanza, jamás no
hubo un momento de no aprendizaje. Aún en medio de ese momento de arresto, hizo
uso del momento que Él dio lugar para dejar sentado entre los discípulos que
sus armas no son terrenales, que su proceder jamás debería depender de su
destreza, de su capacidad para hacer esto o aquello; lo que sí deben
eternamente depender es del poder que procede de lo alto. De ninguna manera
implica que no se deba defender contra un adversario, sin embargo, en ese
momento dentro del plan de Dios para la ofrenda única del pecado, ese proceder
solamente estaba entorpeciendo lo que ya estaba escrito. Por esa razón el Señor
se dirigió hacia Pedro que creyó que estaba contribuyendo al bienestar del
Salvador, y es cuando les hizo saber a todos, sois vosotros los que necesitáis
ayuda de que procede de lo alto, por ende, siempre acudan al trono de Dios para
mantenerse en su voluntad y no encontrarse en conflicto con su Hacedor.
·
Entonces Jesús le
dijo: Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada
perecerán.
·
¿Acaso piensas que no
puedo ahora orar a Mi Padre, y que Él no Me daría más de doce legiones de
ángeles? (Mateo 26:52, 53)
En el arresto de Jesús cuando estaba con sus
discípulos en el huerto (torrente de Cedrón) uno de sus discípulos, Pedro, le
cortó la oreja derecha al siervo del sumo sacerdote, de nombre Malco (Juan
18:10, 11).
A esta reacción le ordena Jesús:
·
“Vuelve tu espada a
su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán”.
La lección aquí impartida en esta instancia fue:
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No han sido llamados a empuñar armas
humanas, su adiestramiento es para darle uso al espiritual.
·
No
es la destreza de las armas, es el habitar en la voluntad de Dios.
·
No
es la violencia humana la respuesta, es en el aprovechamiento de la oportunidad
de cómo glorificar a Dios.
·
No debe ser el enemigo frente a ti tu
consternación, es la presencia del Espíritu de Dios en todo levantando, Aquél
que habita en ti.
Habrá batallas en las que se tendrán que empuñar
armas humanas, mas, Jesús le hizo saber a Pedro y a los demás, esta situación
no es una de ellas.
Cuán importante es el poder discernir como
enfrentar cada oposición o adversidad, permitiendo así que el Señor reciba toda
gloria a través de la acción o ejecución.
Pedro estaba dispuesto a hacer frente al revés como
normalmente se esperaría, sin embargo. el Maestro le hizo saber, este es un
momento para atenderse en el plano espiritual.
Este era el mensaje a recibir:
No con ejército, ni con fuerza, sino con Mi
Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos (Zacarías 4:6).
La disposición o la presteza para atacar o contra
atacar humanamente, debe ser la misma agresividad o diligencia que se debe de
tener espiritualmente.
Jesús le dice a Pedro, “vuelve tu espada a su
lugar”. Pedro, es la espada espiritual el arma que se tiene que desenfundar,
esa espada que siempre será efectiva dando muerte a la voluntad de hombre para
que reine Dios. Aquella espada combatiente que corta o deshace todo obstáculo
que no permita ver con toda claridad la voluntad del Creador en dado asunto.
·
2 Corintios 10:3,4- Aunque andamos en la carne, no
militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales,
sino poderosas en Dios para la destrucción de fortaleza.
No es un violento físico el que es necesario que
esté presente, es un violento espiritual arrebatando toda condición para honrar
al Hacedor.
Sí es importante la defensa contra agresividad, pero,
esta acción es en respuesta a aquello que así proceda, empero, aun en medio del
intento de detener, obstruir el éxito del enemigo, si la oportunidad se
presentase para mostrarles el amor de Cristo, aquella puerta siempre tiene que
permanecer abierta.
El llamado de Jesús a Pedro, no era para que se
uniera a las fuerzas armadas humanas, más bien, para que militara en el
espiritual.
El llamado no es solo para Pedro en ese aspecto, es
para el pueblo, empuñen la espada del evangelio para combatir al adversario, al
enemigo.
Estas son las armas con las que debe y tiene que
militar el creyente:
·
Aunque andamos en la
carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son
carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando
argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y
llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo... (2 Corintios
10:3- 5).
Esta es la diferencia en al cual se
habita, es lo que le hizo saber Jesús a Pedro.
Pedro bien intencionado, por su amor a Jesús, en la
impetuosidad que lo caracterizaba procedió; sin embargo, en ese proceder,
aunque tenía la mejor intención no estaba dentro de los propósitos de Dios,
estaba contra ella, estaba en dirección opuesta a la voluntad del Todopoderoso
en esa instancia.
Ciertamente hay hechos y procederes que, aunque
parecieran un bien (en la perspectiva humana), si no forman parte de los planes
o propósitos del Señor, es un mal.
Pedro se le olvidó algo que a muchos creyentes
igual olvidan, él estaba ante el Salvador, el Hijo de Dios; no era de parte de
él, el tratar de resolver, es el lugar del Señor. Son los creyentes los que están
en la necesidad de ser auxiliados por Él.
Tuvo que aprender que. aunque pareciera que aquellos
enemigos o soldados iban a prevalecer, aquello jamás sería si el Hacedor no lo
permitiera. Ellos solo pudieron avanzar y llegar hasta Jesús porque así se los
permitió, formaba parte del plan divino. Como al igual es importante dejar
subrayado, que ningún enemigo puede tocar al pueblo de Dios si Él no lo
permite.
Jesús quiso hacerle entender a Pedro, ¿acaso crees
que el Hijo de Dios desamparado está de su Padre? ¿Acaso crees que no hay
suficiente poder en el cielo para detenerlos y no hacer su empresa exitosa?
Pedro, a través de Mi oración o pedido a Mi Padre,
legiones (miles de miles) de ángeles estarían aquí obrando en medio de este
suceso. El Señor especificó más de doce legiones (una legión en el ejército
romano consistía de 6,000 hombres), más de 72,000 ángeles ya habrían estado en
escena.
Jesús solo quiso ilustrar y hacer saber que por más
cuantioso que sea el enemigo, o lo grande que sea o es la oposición, más se
recibirá del Dios que está a favor de los suyos.
Sin embargo, el Maestro le hizo saber a Pedro, en
medio de todo cuanto acontece lo más importante es que se cumplan los
propósitos santos (Mateo 26:54).
Resulta interesante ver que después de las Palabras
de Jesús y aun considerando a los soldados presentes, optaron por correr, huyeron
por temor de sus vidas.
No se está en ninguna posición para decir que se haría
algo diferente, empero, lo que sí se puede y se debe de clamar es:
“Haznos Señor fieles hasta la muerte y correr en
toda instancia hacia Ti, para que seas glorificado y se cumplan tus divinos e
inescrutables (inescudriñables) propósitos”.
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