SÓLO DI LA PALABRA
Mateo 8:8, Señor... sólo
di la palabra y.… sanará...
v.9-... yo también soy hombre de
autoridad y tengo soldados bajo mis ordenes, y digo a este: “Ve”, y va; y
viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Un
centurión puede tener cien o unos cuantos hombres más a su cargo. Y a la voz de
él ellos acatan, ya que están a su servicio.
El
centurión entendido estaba de lo que implica tener autoridad y hombres a su
cargo. Pero en el caso de nuestro Salvador, Jesús tenía a su servicio la
Palabra, y todo cuanto ordena, dentro de lo que expresa se cumple literalmente
y sin ausencia de detalle.
La
creación estaba en las Palabras del Hacedor, el castigo en las Palabras del
Creador. Pero en esta instancia, la autoridad en la Palabra usada en esa hora
era sanidad. A la voz de mando de nuestro Señor todo es hecho, todo se arma;
todo se detiene o todo inicia. He aquí no hablamos de una posibilidad, empero
un hecho. Nuestro Señor no tenía que buscar la autoridad, esta yacía o yace en
Él. Y solo de Él podía brotar. A su mandato es hecho todo cuanto ordena.
La
presencia y la Palabra de Dios tiene igual efecto y poder. Su presencia cancela
todo mal, a su palabra todo mal es cancelado.
“Solo di
la palabra”. Que la expresión brote de ti y es suficiente para que sea hecho,
para que sea una realidad. Para que todo lo que no era sea, para que todo lo
que no estuvo esté; para que todo cuanto digas se haga, se cumpla.
“Solo di
la Palabra y sanará”. Ante la autoridad, el poder que hay en ella se cumplirá y
todo volverá a ser como debe ser.
Mateo
8:13- Jesús le dijo al centurión: Vete, y como creíste te sea hecho. Y su criado quedó sano en aquella misma hora. "...y como creíste te sea hecho..."
1.
Dios compensa la fe, honra la fe.
2.
Nuestras
bendiciones tienen entrada por el camino de la fe.
3.
Sanidad tiene entrada por el camino de la fe.
Resulta
importante destacar el hecho que nada tuvo que ver en aquella hora la fe de
aquella persona enferma. Si tenía o no, no se menciona; pero lo que sí se
destaca en esta porción es el hecho que hubo aquél que se presentó ante el
Señor intercediendo por otro y el Señor compensó la fe de aquél. Y la petición
tuvo su respuesta y hubo en aquella misma hora sanidad.
“Señor...
solamente di la Palabra”. La Palabra de Dios lo tenemos a nuestro alcance, lo
que hagamos con ella de cada uno depende. Ya que con ella abrimos o cerramos
puertas. Se recibe sanidad o se yace en la cama de enfermedad. Resucita el
muerto o tenemos un entierro.
La
Palabra está, pero el ¿qué haremos o hacemos con ella? En ello radica todo
cuanto ha de acontecer o no. El manifiesto de fe es honrado por el Creador, porque
la fe es de agrado para Él. Todo aquél que acude al Hacedor lo tiene que hacer
en el marco de fe o confianza en Él, sabiendo que todo en Él es posible, y
convencido se está que Él hará mucho más abundantemente de lo que se ha presentado
o se espera en Él.
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