ESCUCHAR Y PRACTICAR
Mateo 7:24 Cualquiera, pues, que me oye estas
Palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó
su casa sobre la roca.
7:25-Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca.
7:25-Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca.
La composición o estructura
de aquél lo describe o llama Jesús un hombre prudente y lo asemeja a una
construcción, sobre una roca; sobre algo firme, estable, aquello que resiste,
aquello que está en crecimiento.
¿Cuántos iniciaríamos una
inversión como lo es un lugar para habitar, o una monetaria, en áreas o lugares
de alto riesgo o peligro; en donde aquello podría desvanecerse en minutos ante
nuestros ojos? De inmediato la respuesta de muchos sería, la pregunta es
absurda. Cierto es que resulta absurdo hasta cierto punto la interrogación,
pero lamentable es que la realidad es otra.
Volvamos a lo que declara
Jesús, aquél que oye, tiene acceso a ella, recibe información e instrucción de
ella y lo incorpora a su diario vivir, su marco de pensar; actuar o proceder,
confesión y principio; este es hombre prudente, sabio.
Pero, ¿Cuántos creyentes
hemos escuchado y aún viven con una vida confinada o limitada a nuestro marco
de pensar, conceptos, soluciones? ¿Cuántos no están afectados por ser solo
oidores no hacedores de la Palabra?
Analicemos:
1. Cualquiera
que oye estas Palabras...
Se ha leído, estudiado; se ha escuchado. Ahora se
tiene una información, instrucción, conocimiento que no se poseía antes. Aquello
que se hará con ello, dependerá toda nuestra existencia, forma de vida; moral,
conducta; apreciación y dirección.
Mientras que otras vidas se
configuran al fatalismo, el no puede ser; a lo que dictamina el mundo en todas
sus escalas. Aquél que ha incorporado la Palabra a su vida, continúa caminando
cuando todos se detienen, continúa resistiendo cuando otros se dan por
vencidos. En aquello que otros declaran no puede ser, la fe lo alcanza y continúa
proyectándose.
Construir o edificar sobre
la Palabra, es haber erigido sobre una base que jamás será conmovida.
Para el creyente no es
necesario explorar para tener garantía de seguridad. Seguridad es habitar,
vivir la Palabra, en la Palabra.
Dice nuestro Señor qué es
construir sobre la Roca, esta Roca no es cualquier roca; es sobre Él, que se ha
hecho u obrado, conforme a los dichos de su boca que Él honrará. Ya que
acatamiento a la Palabra es hacer la voluntad del Padre:
a.
Mateo 7:21 No todo el que me dice: ¡Señor,
Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi
Padre que está en los cielos.
Dios se complace en bendecir y no castigar, empero,
Él no bendecirá nada que esté fuera de lo que Él ha establecido. Gloria a Dios
que al igual nos imparte su misericordia, aún en nuestra ignorancia y
desaciertos.
Aquél que todo esto hace (“poner en práctica la Palabra”)
en los cielos es llamado un hombre prudente, sabio, avisado. Aquél está en
camino de bienaventuranza o camino guiado por el mismo Dios.
La Roca es Cristo y la Palabra es vida, por ende,
todo cuanto se haga actuando o procediendo conforme a ello cobra vida,
esperanza, cambio; “Cualquiera que oye estas Palabras...” Es el hecho de haber estado dispuesto,
receptivo; no confinado a algunos, empero extendido a todos, a todo aquél
dispuesto a emprender su vida conforme a lo dicho y establecido por Dios.
Este hombre habrá hecho una construcción sobre
aquello que nunca le faltará, se ausentará o cambiará.
Estando cimentado sobre la Roca, puede venir y habrá
lluvia, ríos, vientos. y no se hace referencia de estos como algo que podría
acontecer, son hechos que nos acompañan en este plano, y estos pueden alterar o
destruir la estructura o la edificación. Pero la construcción resistió o
resistirá, porque estaba anclada a la Roca, el cual es Cristo; a lo inalterable
el cual es nuestro Señor.
Cuando las inclemencias del tiempo se presenten,
cuando se esté atravesando, hay una garantía de éxito y bien seguridad eterna;
ya que se está sobre la Roca sempiterna, la Roca de los Siglos, sobre aquello
que jamás se podrá destruir o alterar. Esa Roca es Cristo Jesús, el Redentor,
Salvador, Reconciliador de tosa vida a Él confiada.
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