SEÑALES Y ADVERTENCIAS (TRATANDO DE SILENCIAR LA VOZ DE DIOS)





San Lucas 13:34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados!...

Parte del pueblo escogido y apartado de Dios, pero en total rebelión contra Él. Faltos de entendimiento, discernimiento. Completamente en dirección opuesta a lo que era y es la bendición para sus vidas, almas.
Rebeldía contra el Creador siempre tendrá un alto precio, siempre provocará castigo, destrucciones; lo lamentable del hecho es que pudo evitarse, empero, se optó para que así fuese.
Dos veces menciona el nombre de ese sector, entristecido por su duro cerviz o duro corazón contra lo provisto por Dios.
Aun teniendo advertencia se prosigue con el camino de la obstinación, del rechazo y de la irreverencia ante Él. ¿Qué otro desenlace podría tener tal acto de irreverencia ante el Hacedor?
En respuesta a los mensajes de Dios, a los mensajeros de Dios. En respuesta a la obra de misericordia, advertencia; al amor, interés y cuido del Señor:
a.      rechazo, desprecio; odio, violencia; total hostilidad.
La violencia contra los profetas era y es un acto mismo contra Dios y un total rechazo a lo que Él ha establecido como salida y respuesta al mal que nos rodea.
La posición escogida y tomada es: escucharemos nuestra manera de pensar, analizar; escucharemos las voces que nos rodean. Haremos de ella la base de nuestra formación y comportamiento, aunque estas violen la esencia misma de mis valores, creencias y nuestra forma de pensar. Seremos conducidos a perdición, aunque esto no es lo que realmente se desea.
Jerusalén, has memoria de los hechos de Dios, y no del mal en la que habitas. Jerusalén, sé de dónde vienes y hacia donde te diriges.
1.                           Reyes 19:10... los hijos de Israel han dejado Tu pacto, han dejado Tus altares y han matado a espada Tus profetas.
2.                           Jeremías 2:30... vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador.
Hubo también otro incidente, este fue el Profeta Urías hijo de Semaías de Quiriat-jearim; este profetizó contra Judá, conforme a todas las palabras de Jeremías. Urías al percatarse que procuraban matarlo, huyó a Egipto. El rey envió por él, estos lo sacaron de Egipto y lo llevaron ante el rey, el cual lo mató a espada (Jer. 26:20’23).
Igual trataron de hacer con el profeta Jeremías, ante el rechazo a la voz de Dios o a su mensaje de castigo o juicio contra la maldad de ellos. Pero Jeremías les hizo saber que si así deseaban lo podían hacer, pero les hizo entender, he sido la voz de Dios tocante a lo que se les ha comunicado, y desistieron.
Jerusalén, sé de donde vienes; y veo la destrucción que viene sobre ti. Es lo que veía, sabía nuestro Señor. Hubo advertencia, y aún tratarán de acallar la voz; y les sobrevendrá el mal porque así lo han decido, porque no ha habido arrepentimiento.
Jerusalén escuchó la voz del Señor, su lamento fue debido al rechazo, a la decisión de continuar en el camino del error. Que desembocaría en pérdida que se pudo evitar, pero la obstinación cobró por su insistencia en desobedecer al Hacedor.
Dios ve, sabe sobre nuestro camino de error, antes de los hechos; las advertencias, señales de alto el Señor las presenta, pero, la distracción en las decisiones solo puede brindar pesar y lamento, porque estas están en contra su Creador.
Increíble es creer que el hombre ha creído que puede silenciar la voz de Dios, eliminando a sus enviados. dispuestos están a escuchar y aceptar argumentaciones varias, sin la aprobación o la dirección del Creador para sus vidas, Empero, tan pronto escuchan dice el Señor todas las conductas o procederes que surgen tratando de acallar la verdad al cual quedarán expuestos.
Sin embargo, con todo el proceder para no escuchar, ya ha hablado o declarado el Señor, fue el hombre o el pueblo dado que no estuvo dispuesto a escuchar lo que ya no se podrá declarar que se estuvo o se está en desconocimiento.
No hay juicio que el Señor emita sin advertencia, no hay castigo, sin desobediencia, no hay ira, sin en su amor se permanezca. Todo cuanto hace el Hacedor es para guardar del mal, todo cuanto hace el hombre en su rebeldía es agitar aquellas aguas amargas que en algún momento dado tendrá que beber.

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