JESÚS EN EL TEMPLO


Mateo 21:12 – a. Entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera…
Es imposible que Jesús esté en el Templo y no eche fuera, es imposible que esté y no establezca el cambio que tiene que reinar; es imposible que lo que está establecido, no sea exactamente lo que Él hará reinar. Estando Él presente regirá el precepto.
Entra el Señor al templo de su Padre, durante su período de ministerio terrenal, y sin pedir permiso o autorización. Sin preocuparle quién entendería o lo condenaría por lo que hacía, entró y estableció el orden, la limpieza; la reverencia, la santidad que allí tenía y debería reinar, desde siempre. La tolerancia de Dios es ante la ignorancia del hombre, ante el hecho de no saber; de no entender o estar en conocimiento de lo que ya está establecido. Pero, cuando hay conocimiento, y en desafío abierto en su Templo, en su Casa de Oración lo acomodan o lo re-decoran a su antojo y preferencia; entonces entramos ante el mismo Jesús que echará fuera todo aquello que no prevalecerá en aquel lugar santo.
El templo de Dios no es un edificio dedicado a un hombre, es un lugar que se ha edificado como lugar determinado para congregarse o reunirse para adorar, exaltar y recibir de su instrucción y bendición a través de la exposición no de ideas y conceptos, empero, a través de la Palabra, su Palabra que nos instruya, ampare, libere o sane; de cualquier y toda dolencia que pudo o está presente para no permitirnos gozar de las bendiciones del Señor. O para aquél en lecho por vejez, aún allí ver que hay provisión de su gracia para enfrentar cada día; y que es gracias a Él que se ha podido llegar a aquel lugar en que se encuentra hoy, lleno de días y sostenido en su amor y misericordia.
Nuestro Señor para restablecer el orden que tiene que imperar, Él echará fuera todo elemento que no se alinee con lo que su Padre establece.
Si nuestro Señor tomó de su tiempo físico para llevar aquella obra ante los ojos de todos y los líderes religiosos (principales sacerdotes y escribas), quienes debieron de velar, aquello era su función asignado, instituido por Dios para ellos. Sin embargo, entretenidos en otras funciones que se habían agregado, dejaron de velar por lo que tenía que reinar siempre:
Habacuc 2:20 Mas Jehová está en su santo Templo; ¡calle delante de Él toda la tierra!
Se puede llegar a la posición en la vida espiritual en que se ha creado tanta familiaridad con el programa de la iglesia, la asistencia; y se pierde la reverencia del lugar en que se está, el propósito por la cual se está; y el quién es el que está en aquel lugar, sobre aquél que es el dueño. Este mal es tanto en el templo espiritual, como el físico. Dios está presente en lo que le pertenece. ¿Quién habita en ese domicilio? Entonces guardemos reverencia en su Templo. Lo que manifestamos, nuestra conducta. El templo del Señor es santo, puro, limpio de toda contaminación de mal. Esto es lo que hace la presencia de Dios en todo lugar, en toda vida.
Si no podemos percatarnos de la presencia de Dios en su templo, posible es: que no es su templo, o se perdió la percepción por estar entretenidos en otros asuntos, otra agenda; para perdición de aquel, ante la presencia misma del Señor.
Porque Él está en su Templo:
1.     Calla ante Él todo cuanto no lo alaba, no lo manifieste, no lo declare; esto es la alabanza.
2.     Silencia de una vez por todas las irreverencias.
3.     Lo que debe estar siempre presente en medio de todo cuanto se haga, adoración y alabanza.
4.     Porque Él es Señor, acatamos lo que ordena. Dijo que debemos callar y solo adorar en su presencia. Esto implica en todo cuanto hagamos. Callamos las voces de profanación, de ignorancia; obstinación, irreverencia.
5.     Manifestar, Tú eres el dueño del Templo en que nos congregamos, en donde habitamos; callaremos todo cuanto no te glorifique, así permanecerá, hasta que aquello solo te pueda honrar.
Examinemos lo que fue instituido, lo que está fundado para el Templo, en contraste al lugar en que ellos lo encaminaron, o las cosas que luego permitieron; aquello que nunca debió haber tenido una voz, nunca debió hablar; si quiera haber tenido lugar o haber cobrado vida:
a.      La compra y venta en el templo, lugar que debe ser para consagrar, dedicar, santificar al Señor; era y es un acto de blasfemia o reniego a lo que exige el Señor.
b.…a todos los que vendían y compraban en el Templo, había una invitación; para adorar y servir al Señor. Pero, no para darle uso a su Casa, para comercializar.
c. No fueron palabras el único medio utilizado por Jesús para con sus actos, empero, al igual utilizó su ira contra los hechos profanos, libertinos de estos hombres; hacia el Santo Dios.
d. Hay un lugar instaurado para Dios, no se comparte con agendas o planificaciones humanas, de índole no espiritual.
e. Las mesas, las sillas; cualquier y todo elemento que no sea consagrado al Señor, no tiene lugar en su Casa de reunión.
Cuevas de ladrones es en donde habitan aquellos que se dedican a asaltar a los incautos, con sus precios, tácticas de ventas. Este tipo de actividad no tiene cabida en los negocios de Dios.
Para aquel o aquellos que ven el Templo de Dios como un refugio para sus ganancias, negociaciones; igual serán removidos como lo fueron aquellos que se osaron contra el mismo Dios levantarse dentro de la Casa de Adoración, pero por Jesús fueron detenidos y expulsados. Hubo voz de corrección, mas, de parte de Él igual hubo castigo físico.
Ante tus ojos está la Casa de Dios, si a tus ojos lo miras como un medio para tus ganancias y negociaciones, lo estás tratando como una cueva de ladrones. Por lo que el Señor te ha de castigar o reprender.  
La ira de Jesús no se aplacó hasta echarlos fuera. Estos no estaban escuchando su voz, no tenían interés en los caminos del Señor. Lucrarse era el objetivo de su presencia, no en busca de su comunión y bendición.
Hay cuevas de ladrones, ningún Templo del Señor tiene lugar para estos. Todo aquel que allí ha buscado morada, será lanzado y ha sido lanzado por el poder de Dios; que no dará lugar a nada que a Él no bendice o glorifique, Jehová está en su santo Templo, reverencia es la exigencia.  
¿Volverá el Señor a llevar a cabo tal demostración de ira para con los traficantes de fe? Ciertamente lo hace, y lo hará.


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