¿SABE USTED QUIÉN LO HA TOCADO?




Uno de los fariseos (estos eran uno de los grupos dentro del judaísmo del tiempo de Jesús, muy influyentes en la vida religiosa y social del pueblo, este pertenecía al grupo de los favorables al Maestro. Cabe mencionar que habían dos grupos de fariseos los enemigo y los favorables) rogó a Jesús que comiera con él. Y habiendo entrado a la casa del fariseo se sentó a la mesa.
Este fariseo deseaba tener un momento especial con el Señor, que privilegio tuvo, se lo concedió Jesús. ¿Desea usted al igual un momento especial con el Señor? Ya se lo concedió, ¿Qué espera? ¡Qué privilegio!
Mientras que el Señor está sentado a la mesa del fariseo, queda este expuesto a una enseñanza que hasta ese momento no lo había considerado y mucho menos expuesto como el Maestro de Maestros lo hizo. Gloria a Dios, las formas especiales que opera el Señor con cada ser para que a su nivel o entendimiento reciban la impartición de su enseñanza, el ¿qué harán con ello? estará por verse.
Entra una mujer de la ciudad, que era pecadora. La Palabra de Dios no especifica qué tipo de vida era su práctica, la describe como pecadora, ella también reconoció su necesidad de Cristo. Cualquiera que haya sido su trasfondo, ella reconoció que Él tenía la respuesta, como lo tuvo para usted y para todo aquél.
Ella comenzó a ungir los pies de Jesús y a humillarse ante el Hijo de Dios. Dice la Palabra que al ella enterarse que Jesús estaba a la mesa en la casa del fariseo, ella fue hacia allá.
Examinemos:
1.      Ella estaba buscando una oportunidad, un momento con Jesús.
2.      Ella estaba preparada para ese encuentro.
3.      Ella quería honrarlo, adorarlo y amarlo. El lugar que ella escogió es el lugar en que todos debemos de estar ante Él, no en algunas instancias, es donde se debe vivir.
Es posible que lo que Jesús escuchó de su corazón fue, Señor necesito de Ti en todos los aspectos, necesito Tu perdón, necesito que me hagas libre de cualquiera atadura que me impida ser tuya y servirte para siempre como mi Rey y Señor. Posible es que ella decía dentro de sí, Oh Jesús cuánto te necesito. Pero lo que urge en mí es adorar al Mesías, es honrarlo en todo cuanto puedo en este momento, demostrarle cuánto lo amo; empero, es sólo a Tus pies que puedo realmente recibir ese encuentro. Necesito tanto Maestro, mas hoy, en estos momentos lo que quiero es adorarte, no quiero dejar de adorarte.
Pero el fariseo al ver esa escena dijo dentro de sí: “Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, porque es pecadora (Lucas 7:39).
El fariseo dijo algo en su interior al cual recibiría una respuesta en público, a oídos de todos. Con la respuesta de Jesús este fariseo entendería al igual, sobre el saber. Sé lo que quién es esta mujer, empero más importante es que tú sepas que Yo sé lo que estás pensando y Te voy a responder; por ello entenderás de Mi saber, sé; pero, el que aún no ha entendido eres tú. La clase de mujer que ella es, es una arrepentida y buscando lo que Yo sólo puedo ofrecer, ahora Yo quiero tocar tú vida para que sepas quién es el que te ha tocado, ya que ambos necesitan de mi toque.
Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.  Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿Cuál de ellos lo mará más? Respondió Simón (el fariseo), dijo: pienso que aquél a quien perdonó más. Él le dijo: Rectamente has juzgado (Lucas 7:4043).
Todo lo que tú no me has dado, ella lo ha dado, todo lo que tú no me has ofrecido, ella lo ha ofrecido. Porque ella tiene una grande deuda, al cual también le será perdonado.
Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquél a quien se le perdona poco, poco ama (Lucas 7:47).
¿Cuál de los deudores fue usted el de los quinientos denarios o el de cincuenta denarios (un denario equivalía al salario de un día)? Cualquiera que haya sido su deuda y fue cancelado por Cristo en la cruz, gloria a Dios.
Todos fuimos rescatados de la horrenda deuda que teníamos a consecuencia del pecado, cualquiera que haya sido nadie puedo haberlo cancelado sólo Jesús. Por ende mi amado, cualquiera que haya sido la deuda lo que debe abundar en nosotros es “mucho amor” a nuestro salvador.

Tenemos cada uno nuestra propia historia del cómo y del dónde fuimos rescatados por su sacrificio, al profesar nuestra fe en Él. Recibiendo perdón porque así fue hecho cuando en la cruz Él estuvo allí tendido. Oh Dios, ¿cómo podremos reservar nuestro amor hacia Ti? El clamor realmente es, que esta fluya sin ser refrenada, porque todo y lo mejor mereces. 

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