LA CASA DE ORACIÓN, ES CASA DE DIOS (NO CUEVA DE LADRONES)
Mateo 12:13 Escrito está: “Mi Casa, Casa de oración será llamada, pero
vosotros lo habéis hecho cueva de ladrones.
Nuestro Señor abrió ante el pueblo lo que citó en ese momento, y
juntamente con ello dejó una enseñanza firmemente establecido en su santidad y
en la santidad que debe imperar, reinar, habitar en el Templo de Dios
eternamente.
a. Jeremías 7:11 ¿Es cueva de ladrones delante
vuestros ojos esta Casa, sobre la cual es invocada mi nombre?
Examinemos:
1. “pero vosotros lo habéis hecho cueva de
ladrones”.
a. La Casa de Dios no es un refugio para el mal,
si es Casa de Dios, aquello tendrá que huir. Pero, cuando el ladrón puede
encontrar refugio en ella, esto implica que de Casa lo han hecho una cueva en
donde el mal ha encontrado una guarida.
b. Si en la Casa de Dios, todo aquello que no
tiene parte ha encontrado lugar, habitación, aquello se ha hecho una cueva.
Cueva de ladrones, lugar donde pueden vender, traficar; acumular todo aquello de
mal habido. Sin interés alguno en lo que allí había o allí habitaba.
Ladrones de todo lo que es honra, gloria y entrega a Dios. Instrucción y
acatamiento de la Palabra separado por todo aquello que distrae y entretiene en
el lugar que debe honrar a Dios.
c. Miran al Templo como lugar en que pueden
lucrarse, comercializar; una cueva encontrado por un ladrón.
Si Dios tiene a un siervo celoso a cargo de la iglesia, un siervo
vigilante; el ladrón no tiene cueva. Tendrá salvación o reprensión.
Si hay un varón de Dios firme en el llamado de la sana doctrina y en la
enseñanza, prédica de la Palabra; guarida no hallarán en el Templo de Dios.
“Mi Casa, Casa de oración será llamado…” Lo que debe identificar el
Templo, aquello que debe estar allí establecido en todo tiempo, es que es Casa
de clamor, de adoración; de sanidad, liberación; restitución, oportunidad.
Lugar donde el pueblo se reúne como uno para exaltar el poderoso nombre, sobre
todo nombre.
¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta Casa? Aquí el Señor
hace una denuncia clara, aquellos que allí están quedan en este grupo de
muerte: vuestros ojos ven esta Casa como cueva de ladrones porque es lo que
sois. Veis tan solo el medio para comercializar y vender lo que se os ocurra,
pero, no veis al Dueño. Escuchad una vez más: Mi Casa, Casa de oración será
llamada, porque esto es. Cueva de ladrones no es su morada, igual como lo hizo anteriormente,
Yo los echaré, nuevamente.
La propiedad de Dios, nadie lo despoja; y a los intrusos, usurpadores
les llega su hora.
Nuestro amado Señor los sacó con la enseñanza de la Palabra y el fuete,
y lo hará cuantas veces sea necesario para que su Casa, sea Casa de oración,
adoración.
En la Casa de Dios su nombre es invocado, por ende, todo lo demás será
echado fuera.
Jesús no les pidió que movieran las mesas, se airó contra la irreverencia
y los volcó, al igual las sillas. Ese negocio se cierra en este lugar. La Casa
de Dios no es un centro comercial, no es un mercado, no es un puesto de cambio.
No es un lugar compartido. Cada metro cuadrado le pertenece y es para uso
exclusivo de Él.
Aquellos que han tratado y están tratando de reiniciar aquella sociedad
en la Casa de Dios, con la misma violencia serán arrojados.
Todo aquel que al Templo del Señor se presenta, debe ser para honrar al
Creador. Cuando otros intereses se anteponen a esto, has instalado una mesa y
una silla que está por ser arrojada no por hombre, pero por la presencia de
Dios. Para aquellos con otros intereses de no honrar a Dios, hazlo en tu propio
espacio y atente a los resultados. Anteposición de cualquier hecho ante Dios,
tiene su mal, sus ramificaciones.
La Casa de Dios tiene una función, y cuando cualquier otra agenda se
presenta en ella, ya se ha instalado una mesa y una silla en el Templo. Y el
Señor no lo va a tolerar. Cuando se procede fuera de la voluntad de Dios, y
seguimiento se le da a otros dioses, otras prácticas dice el Señor: ¿Me
provocarán ellos a ira? (Jeremías 7:19)
a. Jeremías 7: 3...Mejorad vuestros caminos y
vuestras obras, y os haré habitar en este lugar.
Si en el negocio de cualquier comerciante se presentase alguien con
otros intereses y lo iniciara sin consultar, sin aprobación; de hecho, el pobre
no solo sería echado fuera, mas, juntamente con ello podría ser al igual
detenido. Pero, no estamos haciendo referencia de un negocio o una plaza de
venta. Estamos haciendo referencia del lugar que se ha consignado para el Dios
altísimo, el Todopoderoso. Cada y toda atención allí le pertenece a Él, no es
un tiempo compartido; y no es lugar del cual debe abastecerse de más nada
excepto la enseñanza de su Palabra, y de un tiempo de edificación, comunión en
conjunto con sus hermanos como lo ha instaurado el Señor.
Casa de oración es su nombre, Templo de Dios; allí Él está, estamos en
su presencia. Allí nada más tiene relevancia. Allí nos reunimos para adorar, para
decir y hacer saber cuánto lo necesitamos.
Como otros vean la Casa de Dios, igual es lo que en ellos hay; pero, tu
pueblo, debe poder verlo como un lugar de encuentro con su Señor.
Y si en la Casa de Dios hubiese alguna mesa, será la que Él nos ha
preparado. “Aderezas mesa delante de mí”, será aquel lugar donde me servirá de
sus manjares de paz, esperanza; sabiduría, bienaventuranzas. Si hay una silla
es la que Él ha provisto, para hacernos sentar con los príncipes (Salmo 113:8),
para hacernos sentar en lugar de bien. Porque si el Señor los ha traído tiene
su propósito para nuestras almas, y Él, será glorificado en el proceso de todo
cuanto se haga.
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