NADIE LAS ARREBATARÁ DE MI MANO (SEGURIDAD TOTAL)
Yo Soy el buen Pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen...
(Juan 10:11).
Cuando el Buen Pastor dejó a la manada para ir en busca de la oveja
perdida deja una clara premisa e inconfundible aplicación en todo lo desarrollado:
1. La manada que Él dejó para ir en busca de la
oveja perdida, nunca quedó con menos cuido o desatención. La manada quedaba,
estaba bajo el amparo de su poder y su cobertura.
2. Era una manada entrenada y sometida a su
Pastor.
3. Estas no deambularían, ni se alejarían del
lugar que Él las dejó pastando, porque el Pastor jamás dejaría en peligro a su
manada.
4. Y de las que allí estaban, ni una sola se
perdería.
5. Su manada sumisa a Él, permaneció en delicados
pastos, junto a aguas de reposo.
El mismo poder que allí los guardaba y los amparaba, era el mismo poder
que los había seleccionado y reunido, el estaba siempre con ellos.
Pero, para esa oveja perdida había un manifiesto especial del amor y el
interés aún por ese uno que se ha alejado o está extraviado. Ese interés del
Supremo Dios en querer que nadie se pierda.
El valor de un alma para el Hacedor no es negociable. Aunque estamos en
un mundo en donde envían vidas a misiones que son suicidas, para ellos es como
si fuesen existencias en aquellas mentes, desechables.
Para el Señor, el Dios del
universo va en busca de poder rescatar aquellas de las existentes amenazas que
el sólo propósito es devorar todos aquellos que pueda alcanzar, ya que una
oveja alejada de su Pastor nunca ofrecerá resistencia, nunca podrá defenderse
de su agresor. El Pastor a bien sabe que la oportunidad única que tiene la
oveja es que Él la rescate, que Él vaya en busca de aquella oveja para poderla
rescatar de lo que solo ella se ha expuesto a recibir o sufrir y Él a evitar.
Aun la manada sin su Pastor, en busca de la oveja perdida, lo que allí
queda, ningún enemigo podrá o podría asaltarla. Gloria a Dios por la cobertura
de su poder que las resguardaba igual como si presente estaba.
La bendición en todo lo que allí se desarrolla es que tanto los que
están pastando y en descanso, como aquella oveja que ha dejado cobija y amparo,
permanecerán en su estado por siempre, porque su Pastor va a su encuentro, y Él
jamás perderá o dejará una de su manada en ningún estado que no sea a su cuidado.
¿Cuántas ovejas a través de los siglos ha habido? Cualesquiera que fuese
la cantidad, jamás rebasará los que han permanecido por siempre pastoreando
justo a aguas de reposo. Pero, gloria a Dios que el Pastor no desatiende
aquellos que el mundo llama minorías, no abandona a sus ovejas alejadas,
aquellos que creen o creyeron que por sí solas podrían lograr o alcanzar mejor
pasto o mejor camino.
El Señor sabe el cuándo, el cómo y el dónde quedará extraviado aquella
oveja; el nombre de ella, empero, va tras ella.
¿Cuántos podrán glorificar al Señor por las veces que ha ido en busca de
su oveja? Las veces que alguno decidió alejarse, las veces que por su forma de
ventilar las cosas lo alejaron del Señor; las ocasiones en que se distrajo por
placeres, emociones, dinero por anteponer sus propias ideas, agendas o gustos a
la voluntad y preceptos de Dios; mis amados, que gran gozo es saber, que no
prosiguió con su manada abandonando o dejando atrás. Pueblo santo, su Pastor
jamás los desamparará.
... ni nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, me las dio, mayor que todos es, y nadie las puede arrebatar de
la mano de mi Padre (Juan 10:28, 29).
Cuán bendecido somos, en camino de gracia de poder y bondad de nuestro
Padre celestial que se derrama sobre nosotros. Camino de bien y de corrección. Hay
tanto que agradecer al Señor, porque, aunque torpeza está en algunos pasos,
desaliento y distracción, allí nuestro Buen Pastor, nos busca, sacándonos de
aquel estado, los pone sobre sus hombros, devolviéndonos al redil.
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