LA PAZ... ¡MI PAZ!
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No
se turbe vuestro corazón ni tenga miedo (Juan 14:27).
La paz por el mundo es buscada, pero, no puede ser hallado o logrado
dentro de los términos o acuerdos humanos, ya que de nada durable cuelga. Un
gran esfuerzo humano, entre gobiernos, rivales; empero, aquello que lo sostiene
se llama condiciones, y esta se deshace en cualquier momento. Provocando lo que
podría ser la destrucción de gran parte de la población humana.
En medio de toda inestabilidad en nuestro mundo, nuestro amado Salvador
nos hace saber, igual que se lo manifestó a sus discípulos:
a. La paz os dejo...:
El creyente no tiene que buscar la
paz, es suyo. No tiene que buscar la paz, porque Jesús lo ha dejado entre sus
redimidos. Sí esa paz que sobrepasa todo entendimiento.
1. Esa que nos cubre cuando aún de ella no nos
hemos percatado que en ella estamos siendo guardados. ¡Alguno puede decir un
amén a este hecho, realidad mis amados!
2. Esa que se presenta cuando entendemos que todo
está en sus manos.
3. Esa que define el curso de nuestro
comportamiento aun en situaciones de violencia y tragedia.
4. Esa aún en cama de aflicción y de enfermedad.
La dejó nuestro Salvador, ya que sin ella probable es que gran parte de
su pueblo ya no estaría, por angustiarse y dejarse dominar por ansiedad.
La paz os dejo...para todo creyente esta es una urgente necesidad en
todo momento, cuando la vieja naturaleza le trata de aconsejar al alma que se
abata, que se turbe dentro de usted.
b. ...mi paz os doy...:
Lo personalizó el Señor, esta es la
que procede de Mí. Esta no está basada en un acuerdo entre rivales. Esta está
formada y emana del corazón de Dios para los suyos. No es algo que nadie puede
alterar, excepto que como creyentes, obrando en la carne estuviese alguno. Al
obrar en la carne hay oscilantes, la estructura espiritual es y está en
dependencia total de lo que hace Dios, de lo que está haciendo el Señor para
con los suyos.
c. ...Yo no os la doy como el mundo lo da...:
La paz del mundo siempre tendrá variantes, un
acuerdo violado altera todo en curso de lo pactado.
Sin embargo, Jesús hizo saber que lo que Él nos
deja, lo que Él nos da, no es comparable a nada que se ha tenido o se ha
recibido.
La paz de Dios, a través de nuestro Señor
Jesucristo es un depósito inagotable que siempre está, siempre genera el mismo
resultado y su rendimiento no tiene fecha de expiración o vencimiento.
Allí está, es un regalo de nuestro Señor con la
cual su pueblo puede enfrentar todo cuanto tuviese que tolerar y atravesar.
Porque la paz de Dios no descansa en nada que el hombre tuviese que hacer,
excepto solo recibir, darle uso.
La paz de Dios es
una bendición impartida por:
1.
Dios sobre su pueblo (Salmo 29:11).
2.
El príncipe de paz es quien nos imparte su paz
(Isaías 9:6).
3.
Nuestra paz está o es una realidad a través de
Jesús (Juan 16:33).
4.
La paz para el creyente no solo es para con
las cosas de este mundo, empero paz con nuestro Hacedor (Romanos 5:1).
5.
Él es nuestra paz, Jesús es nuestra paz
(Efesios 2:14).
La paz de Dios no
crea ansiedad y desesperaciones, crea los medios para que usted pueda evitarlos
o estar por encima de ellos.
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